La Certificación Forestal Voluntaria (CFV) es un mecanismo de mercado que promueve el buen manejo de los bosques, teniendo en cuenta que se respeten los aspectos sociales, ambientales y ecológicos.
Es un instrumento que permite verificar cuando el manejo forestal cumple con los estándares de calidad de desempeño, reconocidos y aceptados internacionalmente.
Estos estándares combinan Principios y Criterios internacionales desarrollados por el Forest Stewardship Council (FSC)[1] con indicadores, y verificadores locales y regionales desarrollados por iniciativas nacionales del FSC en cada país.
El objetivo de la certificación es asegurar a los consumidores que sus compras de productos forestales no ocasionan la destrucción ni degradación de los bosques del mundo.
La certificación involucra dos aspectos: por un lado, la evaluación independiente de operaciones de manejo forestal, de acuerdo con estándares ecológicos, sociales y económicos específicos; aspecto que incluye la evaluación de:
a) La salud del bosque.
b) Viabilidad económica de la operación
c) Impacto social de las actividades del manejo forestal.
El segundo aspecto, llamado inspección de la cadena de custodia, involucra la verificación del flujo de la madera desde el bosque y a través de los procesos de transformación (aserrado y manufactura) y de comercialización hasta llegar al consumidor final; con el propósito de garantizar su procedencia de un bosque certificado.
La CFV es una forma de garantizar que la madera que se comercializa sea aprovechada de bosques manejados de manera sostenible y que respete a las comunidades osesionarias de los bosques o que viven cerca de ellos. Así, la CFV promueve que los bosques sean aprovechados de acuerdo a principios de respeto a las leyes nacionales, acuerdos internacionales y consideraciones de orden social, económico y ecológico.
Desde el punto de vista social, prescribe el respeto a los derechos consuetudinarios y ancestrales de las comunidades nativas. Desde el punto de vista ecológico, prescribe que los bosques sean aprovechados respetando los márgenes productivos de cada bosque y que su aprovechamiento sea económico. En este sentido, la conjunción de los tres aspectos: social, económico y ecológico contribuye a la sostenibilidad de los bosques.